Cultivo zarzamora

La zarzamora se consolidó en México como un cultivo de alta especialización, fuerte vocación exportadora y marcada concentración territorial. En 2024, la producción nacional alcanzó 256,503 toneladas, con 11,406 hectáreas cosechadas. Para 2025, el estimado subió a 266,000 toneladas y para 2026 la proyección llegó a 274,000. Esa trayectoria confirma que la industria sigue creciendo, con un motor basado en productividad, calidad comercial y capacidad de proteger la fruta dentro de una logística exigente.
Para cualquier empresa agrícola que tome decisiones de inversión, la zarzamora mexicana conviene entenderla como una cadena completa. La rentabilidad se define desde la elección varietal y el manejo del agua hasta el empaque, la certificación sanitaria y la llegada a mercado en la semana adecuada. Por eso, comprender su dinámica nacional exige observar al mismo tiempo la geografía productiva, la tecnología, la ventana comercial, la estructura exportadora y los riesgos que hoy condicionan el negocio.
Un cultivo grande en volumen y muy concentrado en territorio
La primera característica de la zarzamora en México es su peso dentro del sistema nacional de berries y, al mismo tiempo, su fuerte concentración regional. El informe más reciente del Departamento de Agricultura de Estados Unidos ubica a la producción mexicana de zarzamora en 274,000 toneladas para 2026, con un avance de 3.0 por ciento respecto de 2025. El mismo documento muestra que en 2024 el país cerró con 256,503 toneladas, de modo que la expansión reciente es real y viene acompañada por un aumento gradual de la superficie cosechada.
Ese crecimiento, sin embargo, está lejos de repartirse de manera homogénea en el país. Para 2025, Michoacán aportó 236,886 toneladas, equivalentes a cerca de 89.0 por ciento del volumen nacional. Jalisco sumó 21,916 toneladas, alrededor de 8.2 por ciento, y Sinaloa quedó muy por detrás con 2,026 toneladas. El resto de las entidades reunió solo 5,172 toneladas. En términos prácticos, la industria mexicana de la zarzamora se organiza alrededor de un eje muy definido en el occidente del país.
Esta concentración tiene ventajas competitivas claras. Permite formar clústeres, es decir, zonas donde productores, empacadoras, viveros, transportistas, asesores y proveedores de insumos operan cerca unos de otros. Esa cercanía reduce tiempos, facilita la capacitación y acelera la adopción de nuevas prácticas. También mejora la coordinación para cosecha, empaque y salida de fruta fresca, que en un cultivo tan perecedero define buena parte del valor final.
El corredor dominante también genera economías de escala. Cuando muchas empresas comparten una misma región, es más sencillo atraer servicios de empaque especializado, laboratorios, empresas de frío, financiamiento comercial y mano de obra con experiencia previa. Para la toma de decisiones, esto significa que el costo de aprender suele ser menor dentro de una zona consolidada que en una plaza emergente. Una firma que entra en una región madura encuentra barreras de competencia más altas, junto con una red operativa mucho más desarrollada.
Al mismo tiempo, la concentración territorial eleva ciertos riesgos. Cuando una proporción tan alta del volumen depende de una sola entidad, cualquier problema climático, fitosanitario, laboral o logístico en esa zona repercute de inmediato sobre la oferta nacional. Para una empresa compradora, exportadora o productora, la escala verdaderamente útil es regional, porque el mercado responde a lo que ocurre en los principales polos de producción y no solo a lo que pasa en un predio aislado.
La segunda implicación de esa geografía es estratégica. En zarzamora, la discusión nacional gira menos alrededor de abrir muchos estados nuevos y más alrededor de profundizar la eficiencia donde ya existe experiencia, infraestructura y mercado. Eso empuja a las empresas a competir por productividad, consistencia y calendarización. En otras palabras, el mapa productivo de México ya está bastante definido. El desafío actual consiste en hacer más robusta y más rentable esa base territorial dominante.
La ventana comercial y la lógica climática del cultivo
La zarzamora mexicana mantiene una oferta casi continua durante el año, aunque con un ciclo principal muy claro entre octubre y junio. Durante el verano, los volúmenes disminuyen con fuerza por la temporada de lluvias, que complica la cosecha, deteriora la condición de la fruta y eleva la presión sanitaria. Esta distribución del calendario es fundamental porque conecta la producción con las semanas de mejor precio en los mercados de destino, especialmente en América del Norte.
La ventaja mexicana no proviene solo de la cercanía con Estados Unidos. También proviene de una combinación territorial que permite jugar con altitud, temperatura y sistemas de protección para acomodar la fruta dentro de ventanas comerciales atractivas. En zonas de Michoacán y Jalisco, la zarzamora encuentra condiciones subtropicales con suficiente radiación solar y una estacionalidad que favorece la programación del corte. Esa base climática explica por qué el cultivo se mantuvo competitivo incluso en un entorno internacional cada vez más exigente.
La otra cara de la moneda es que la lluvia intensa y los picos de calor tienen efectos directos sobre el rendimiento y la calidad. El reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos señala que temperaturas superiores a 30 grados centígrados pueden generar estrés en la planta y reducir rendimiento. Cuando ese estrés coincide con presión de humedad o eventos anómalos, la fruta pierde firmeza, vida de anaquel y homogeneidad. Para la toma de decisiones, esto significa que el clima debe verse como una variable que se gestiona con infraestructura y manejo.
Aquí entra un concepto importante. En cultivos frescos de alto valor, la ventana comercial es el periodo del año en que la fruta llega al mercado con mejores posibilidades de precio y rotación. Tener fruta en una ventana favorable depende de sincronizar poda, nutrición, riego, protección física, corte, enfriamiento y transporte. La empresa que domina esa secuencia vende un producto más predecible y con menos castigo comercial. La que falla en un solo eslabón puede perder valor en cuestión de horas.
En zarzamora, el tiempo entre corte y enfriamiento influye tanto como la nutrición o la sanidad. El producto sale con alta respiración, es decir, con un metabolismo activo que acelera su deterioro natural. Por eso, la cercanía a centros de empaque y cuartos fríos tiene un peso económico tan alto. En muchas decisiones de inversión, el verdadero diferencial competitivo no está en producir algunas toneladas adicionales, sino en conservar mejor la calidad durante las primeras horas posteriores a la cosecha.
Por eso, la ubicación del proyecto sigue siendo decisiva. Contar con suelo agrícola y disponibilidad básica de agua aporta una parte de la ecuación. La elección del sitio también debe incorporar acceso a mano de obra, cercanía a empaque, salida carretera, capacidad de enfriamiento y exposición climática real. En un escenario donde Michoacán y Jalisco siguen dominando, la pregunta empresarial relevante no es solo dónde producir, sino bajo qué arreglo logístico y con qué tolerancia al riesgo climático.
Una consecuencia directa de esta lógica es que la expansión territorial futura será selectiva. Los proyectos que se instalen fuera del núcleo dominante tendrán que demostrar ventajas muy concretas en clima, logística o costo operativo. De otro modo, competirán con regiones que ya dominan la secuencia completa de producción, empaque y exportación. Para los tomadores de decisiones, esta idea es central porque evita interpretar la disponibilidad de tierra como señal suficiente para abrir una nueva zona de zarzamora.
Productividad, genética y manejo técnico
El cambio técnico más visible en la zarzamora mexicana hacia 2026 es la sustitución de materiales varietales. Productores y exportadores están dejando atrás la variedad Tupi y avanzan hacia materiales de mayor rendimiento, mejor perfil de sabor y mayor resistencia a enfermedades, como Erandy, Sultana y Victoria. La palabra genética, en este contexto, se refiere a la elección de variedades con atributos productivos y comerciales definidos. Ese cambio importa porque la variedad determina parte del rendimiento, de la firmeza, del dulzor y de la capacidad de viaje de la fruta.
La industria no está creciendo solo por esa renovación varietal. También lo hace por el uso más extendido de sistemas de alta densidad, macro túneles y riego por goteo de precisión. Un sistema de alta densidad coloca más plantas por unidad de superficie para elevar la producción del terreno disponible. Los macro túneles son cubiertas altas de plástico que protegen el cultivo frente a lluvia, radiación excesiva y otros eventos que dañan la fruta. El riego por goteo de precisión suministra agua y nutrientes de forma dosificada, con menos desperdicio y mayor control.
Los números muestran el efecto agregado de esas decisiones. En 2024, México obtuvo 256,503 toneladas en 11,406 hectáreas cosechadas, lo que equivale a un rendimiento aproximado de 22.5 toneladas por hectárea. Para 2025, con 266,000 toneladas y 12,200 hectáreas cosechadas, el rendimiento se ubicó cerca de 21.8 toneladas por hectárea. En 2026, el propio sector espera rendimientos alrededor de 22 toneladas por hectárea. La lectura correcta de estas cifras es que México ya opera en un nivel técnico alto y que el margen de mejora depende cada vez más de ejecución fina.
Ese punto es importante para evitar diagnósticos simplistas. Cuando un cultivo entra en una etapa de madurez relativa, las ganancias adicionales rara vez provienen de una sola innovación. Surgen de la combinación entre material vegetal, programación agronómica, sanidad, infraestructura y disciplina operativa. En zarzamora, una mejora moderada en firmeza, tamaño uniforme o porcentaje de fruta empacable puede modificar de manera fuerte el resultado económico, aunque el rendimiento total por hectárea cambie poco.
También conviene distinguir entre rendimiento biológico y rendimiento comercial. El primero se refiere al volumen total que produce la planta. El segundo expresa cuánta de esa fruta realmente cumple con los atributos para ser empacada y vendida en el canal objetivo. En zarzamora, esta diferencia es decisiva, porque un lote puede verse aceptable en campo y perder valor en selección o al llegar a destino. Las decisiones sobre genética y manejo deben apuntar a ambos tipos de rendimiento, no solo al dato bruto de toneladas.
También se está moviendo la lógica de inversión. En vez de privilegiar únicamente volumen, las empresas más competitivas están orientando parte del capital hacia resiliencia operativa. Eso incluye cubiertas, sistemas de fertirriego, manejo más preciso de nutrición y reemplazo programado de plantas cuando baja la productividad. La propia industria reporta que los arbustos se mantienen comercialmente viables durante varios años, aunque la productividad desciende conforme envejecen y aparecen nuevas opciones varietales. En términos de negocio, eso obliga a pensar en ciclos de renovación y no solo en ciclos de cosecha.
El reemplazo varietal, además, suele mover la estructura financiera del proyecto. Renovar un huerto implica sacrificar parte del flujo inmediato para capturar rendimiento futuro, calidad superior o mayor resistencia sanitaria. Esa decisión exige más planeación en empresas endeudadas o con compromisos de entrega permanentes. Sin embargo, posponer demasiado la renovación también puede encarecer el negocio, porque se sigue operando con materiales menos competitivos frente a compradores que piden mejor sabor, mayor firmeza y mayor vida de anaquel.
Mercado, exportación y dependencia de Estados Unidos
La zarzamora mexicana sigue atada de forma muy estrecha al mercado de exportación. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos estima que México envía al exterior cerca de 50 por ciento de su producción de zarzamora, con Estados Unidos como destino dominante. Esa cifra explica gran parte de las decisiones productivas del sector. La elección varietal, el calendario de corte, la firmeza exigida, el tipo de empaque y la velocidad de salida están diseñados para cumplir con la lógica del mercado fresco internacional y, en especial, con la demanda estadounidense.
Conviene observar además el entorno ampliado de berries, porque ahí aparecen señales que también afectan a la zarzamora. Para 2025, el mismo organismo estimó exportaciones mexicanas de berries por 700,500 toneladas, 7.0 por ciento más que en 2024, aunque con una caída de 12.0 por ciento en valor hasta 3,400 millones de dólares. Cerca de 80 por ciento de esos envíos se dirigieron a Estados Unidos. Este dato importa porque muestra que el sector puede crecer en volumen y al mismo tiempo enfrentar presión en precios, una combinación que aprieta márgenes y obliga a afinar costos.
Los registros oficiales de Data México refuerzan esa dependencia. En 2024, el rubro arancelario de frambuesas, zarzamoras, moras y loganberries frescas registró ventas internacionales mexicanas por 1,990 millones de dólares. De ese monto, 1,940 millones tuvieron como destino Estados Unidos. Muy por detrás aparecieron Italia con 9.16 millones, Reino Unido con 6.9 millones, Emiratos Árabes Unidos con 5.32 millones y Arabia Saudita con 4.71 millones. La señal es contundente. La integración con el vecino del norte sigue siendo el pilar comercial del negocio.
La concentración geográfica de las ventas también dice mucho. En el cuarto trimestre de 2025, dentro de ese mismo rubro comercial, Jalisco encabezó las ventas estatales con 177 millones de dólares y Michoacán aportó 45.4 millones. Esa distribución ayuda a entender la relación entre producción, empaque, salida comercial y presencia exportadora. Parte de la fruta producida en un estado puede registrarse comercialmente desde nodos logísticos distintos. Aun así, la evidencia confirma el peso del corredor occidental en la economía exportadora de las berries frescas.
A la presión cambiaria se suma la presión competitiva. En el conjunto de berries, la caída de valor observada en 2025 estuvo asociada en parte a una guerra de precios en arándano durante el otoño. Aunque la zarzamora tiene su propia dinámica, estas tensiones afectan la lectura del sector completo, las decisiones de empaque y la posición negociadora frente a compradores internacionales. En empresas con varios cultivos de berry, la administración del portafolio se vuelve determinante para sostener caja, asignar mano de obra y decidir dónde expandir o contener inversión.
Frente a esta estructura, la diversificación aparece como una necesidad empresarial, más que como un discurso aspiracional. México ya cuenta con protocolos sanitarios para exportar zarzamora a China y el sector busca abrir o consolidar destinos adicionales. Sin embargo, la distancia, el costo logístico, la vida útil del producto y las exigencias de calidad hacen que la expansión hacia nuevos mercados avance con más lentitud que la relación con Estados Unidos. En consecuencia, la estrategia más realista para 2026 combina profundización en el mercado principal con apertura selectiva de nuevos destinos donde la fruta pueda conservar condición comercial.
También está creciendo el interés por el mercado interno. El sector de berries en México promueve un mayor consumo nacional para reducir la exposición a la volatilidad externa. La idea tiene sentido estratégico porque un mercado doméstico más amplio ayuda a colocar calibres, calidades o ventanas que afuera reciben una salida más limitada. Para la zarzamora, esa ruta todavía complementa al negocio exportador, aunque puede ganar importancia si la competencia internacional por precio se vuelve más intensa o si los costos logísticos siguen subiendo.
Sanidad, inocuidad y decisiones que definirán la siguiente etapa
La competitividad de la zarzamora mexicana hacia 2026 depende tanto de producir bien como de demostrar formalmente que se produce bien. En exportación agrícola, cada país comprador establece requisitos fitosanitarios, es decir, condiciones para reducir el riesgo de plagas y problemas sanitarios. En México, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria es la autoridad que certifica el cumplimiento de esos requisitos. El Certificado Fitosanitario Internacional funciona como el documento oficial que acredita esa conformidad para los productos vegetales que salen al exterior.
Junto con la sanidad opera la inocuidad, que se refiere a la seguridad del alimento para el consumidor. En un cultivo fresco que casi siempre se consume sin cocción y con cadenas logísticas aceleradas, la inocuidad es determinante. Aneberries, la asociación nacional del sector, mantiene un protocolo propio que cubre producción, cosecha, empaque en campo y transporte, con el objetivo de disminuir riesgos microbiológicos, químicos y físicos. Para productores medianos y pequeños, ese tipo de esquemas cumple una función adicional, porque facilita el tránsito hacia certificaciones más exigentes y hacia relaciones comerciales de mayor valor.
Desde la perspectiva de negocio, el problema central es que la sanidad y la inocuidad ya forman parte del costo estructural del cultivo. Requieren capacitación, supervisión, trazabilidad, manejo documental, disciplina de campo y coordinación con empaque y transporte. Una empresa que subestima este componente puede seguir produciendo fruta, aunque con acceso comercial más estrecho, mayores rechazos y menor capacidad para negociar con cadenas formales. La conclusión práctica es clara. En zarzamora, el acceso a mercado empieza en el campo y se consolida en el cumplimiento.
El otro frente decisivo es el agua. La expansión de cubiertas, fertirriego y manejo más preciso responde en parte a la necesidad de estabilizar el cultivo en un contexto de lluvias irregulares, eventos de calor y presión por eficiencia hídrica. El agua no solo define volumen. También define firmeza, tamaño, vida de anaquel y sanidad. Por eso, las inversiones con mejor lógica para los próximos ciclos serán aquellas que eleven la precisión del manejo y reduzcan la exposición a pérdidas por clima. El productor que logre sostener calidad bajo estrés tendrá una ventaja mayor que el que solo busque crecer en superficie.
En paralelo, la cadena necesita una visión más integrada de empaque y transporte. La fruta de zarzamora pierde valor con rapidez cuando se rompe la continuidad del frío o cuando la selección no distingue con suficiente rigor la fruta apta para trayectos largos. La inversión de campo requiere revisar a la vez la capacidad de empaque, el diseño de rutas y la disciplina de enfriamiento. En negocios exportadores, la decisión correcta suele abarcar desde el material vegetal hasta la última milla logística.
La lectura final del cultivo en México apunta hacia una etapa de consolidación selectiva. La zarzamora seguirá siendo un negocio relevante, tecnificado y fuertemente exportador. Sus mejores oportunidades están en elevar la productividad real, renovar genética, fortalecer infraestructura de protección, cuidar el cumplimiento sanitario y diversificar mercados con foco principal en Estados Unidos. Para las empresas que toman decisiones, el espacio de crecimiento existe, aunque pertenece sobre todo a quienes puedan ejecutar con precisión, absorber exigencias de mercado y operar dentro de una cadena cada vez más integrada.
Fuentes consultadas
- Aneberries. (2026). Inocuidad.
- Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. (2026). Certificado fitosanitario internacional. Gobierno de México.
- Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. (2026). Exportación de productos agrícolas. Gobierno de México.
- Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. (2026). Fortalece Agricultura relación comercial con provincia de Henan, China. Gobierno de México.
- Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. (2024). Anuario Estadístico de la Producción Agrícola, cierre agrícola 2024. Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera.
- Secretaría de Economía. (2026). Raspberries, blackberries, mulberries and loganberries, fresh. Data México.
- U.S. Department of Agriculture, Foreign Agricultural Service. (2026). Berry annual voluntary, report number MX2026-0015.
